Entendiendo la conexión entre tus emociones y tu sistema inmunológico

La medicina contemporánea está viviendo un cambio de paradigma hacia un enfoque mucho más integrador, donde la frontera entre la salud física y el bienestar mental comienza a desdibujarse en favor de una visión holística del ser humano. Ya no es posible tratar una dolencia crónica de manera aislada, ignorando el contexto psicosocial y emocional del paciente, ya que la ciencia ha demostrado que nuestros pensamientos y el estrés percibido tienen un impacto bioquímico directo en la respuesta inmunitaria. En este escenario de vanguardia terapéutica, la aplicación de la psiconeuroinmunología clínica en A Coruña está permitiendo a numerosos pacientes abordar patologías complejas desde una perspectiva que no solo busca aliviar los síntomas, sino identificar y corregir los desequilibrios biológicos profundos que los originan. Esta disciplina se fundamenta en la comunicación bidireccional entre el cerebro, las hormonas y las células de defensa, revelando que el estilo de vida es el factor determinante en la expresión de la salud o la enfermedad.

La psiconeuroinmunología clínica propone que el cuerpo no es un conjunto de compartimentos estancos, sino una red de comunicación fluida donde un estado de estrés crónico puede deprimir la actividad de los linfocitos o provocar un estado de inflamación sistémica de bajo grado. Muchos pacientes con enfermedades autoinmunes, trastornos digestivos o fatiga crónica han pasado años recorriendo especialistas sin encontrar una solución definitiva, precisamente porque no se ha tenido en cuenta cómo su entorno, su alimentación y su gestión emocional están modulando su biología. En la ciudad herculina, los profesionales que aplican este enfoque trabajan para descodificar las señales que el cuerpo envía, traduciendo síntomas aparentemente inconexos en un mapa coherente que permite diseñar intervenciones personalizadas basadas en la nutrición funcional, la regulación del ritmo circadiano y el manejo del sistema nervioso.

Cuando un paciente acude a una consulta de este tipo, debe esperar un proceso de diagnóstico mucho más extenso y profundo de lo habitual. No se trata de una revisión superficial, sino de un análisis detallado de la historia clínica desde la infancia, los hábitos de sueño, la relación con el ejercicio físico y, fundamentalmente, la carga alostática, es decir, el desgaste que el cuerpo acumula al intentar adaptarse a estresores prolongados. A través de este análisis, se pueden identificar carencias de micronutrientes esenciales o alteraciones en la microbiota intestinal que están enviando señales de alerta al sistema inmunológico, manteniéndolo en un estado de hiperactividad que termina por dañar los propios tejidos. La intervención busca «reprogramar» estos sistemas mediante cambios conductuales y nutricionales que devuelvan al organismo su capacidad natural de autorregulación y sanación.

El papel de las emociones en la salud es quizás el aspecto más fascinante y, a menudo, el más incomprendido de esta disciplina. No se trata de afirmar que «todo está en la mente», sino de entender que el cerebro es el órgano que interpreta el entorno y libera neurotransmisores que viajan por todo el cuerpo. Una percepción constante de amenaza o una tristeza profunda no resuelta alteran el eje hipotálamo-hipofisario-adrenal, provocando una liberación sostenida de cortisol que, con el tiempo, desensibiliza los receptores de las células inmunitarias y favorece la aparición de enfermedades crónicas. Por tanto, el tratamiento incluye herramientas para mejorar la resiliencia psicológica y la gestión del estrés, integrando la salud emocional como un pilar médico tan relevante como la farmacología tradicional, pero con un enfoque mucho más orientado a la autonomía del paciente.

La nutrición funcional desempeña un papel central en este proceso de recuperación, ya que el intestino es considerado el segundo cerebro y alberga la mayor parte de nuestras células inmunitarias. Lo que comemos no solo nos aporta calorías, sino que proporciona información a nuestros genes y a nuestra microbiota. Una dieta proinflamatoria, rica en azúcares refinados y productos ultraprocesados, mantiene al sistema inmune en un estado de alerta constante, agotando sus recursos y favoreciendo la permeabilidad intestinal. La psiconeuroinmunología clínica utiliza la alimentación como una medicina de precisión, seleccionando alimentos que calmen la inflamación, nutran las bacterias beneficiosas y proporcionen los precursores necesarios para la síntesis de serotonina y otros neurotransmisores del bienestar, cerrando así el círculo entre la boca y la mente.

Sanar desde la raíz implica también recuperar nuestra conexión con los ritmos naturales que la vida moderna ha alterado. La exposición a la luz azul de las pantallas durante la noche, el sedentarismo y la falta de contacto con la naturaleza son factores que el sistema inmunológico interpreta como señales de desequilibrio. En las consultas especializadas de A Coruña, se hace especial hincapié en la higiene del sueño y en la recuperación de la actividad física coherente con nuestra evolución, ya que estas prácticas son fundamentales para que el sistema inmunológico se regenere adecuadamente durante la noche. El paciente deja de ser un receptor pasivo de medicación para convertirse en el protagonista activo de su proceso de salud, adquiriendo el conocimiento necesario para gestionar su propia biología y prevenir recaídas a largo plazo.

El éxito de este abordaje radica en la solidez de la evidencia científica que lo respalda y en la capacidad de integrar los conocimientos de la neurología, la endocrinología, la inmunología y la psicología en un solo cuerpo de conocimiento. Al tratar a la persona de forma global, se consiguen resultados que a menudo parecen sorprendentes pero que son el resultado lógico de devolver al cuerpo el equilibrio que ha perdido. No se trata de sustituir a la medicina convencional, sino de complementarla y enriquecerla con un nivel de análisis superior que busca respuestas donde antes solo se buscaba la supresión de síntomas. Es un camino de descubrimiento personal y biológico que abre las puertas a una salud mucho más resiliente, consciente y duradera, permitiendo que cada individuo recupere su vitalidad y su capacidad de disfrutar de la vida plenamente.